Crarios establecidos para despertarse, alimentarse, hacer actividad física y descansar aporta estructura y sensación de control. La clave está en que esa rutina tenga un propósito significativo, no que sea solo una sucesión de obligaciones.
Algunas actividades que pueden integrar la rutina son:
- Caminatas diarias en parques o espacios al aire libre.
- Lectura de libros, periódicos o revistas que estimulen la mente.
- Aprender algo nuevo, como un idioma, un instrumento o un oficio manual.
- Cocinar comidas saludables y disfrutar el proceso.
- Escribir un diario o memorias personales para preservar la historia de vida.