¿Qué pasaría si despejar el espacio a nuestro alrededor también nos permitiera crear espacio dentro de nosotros mismos? Clasificar, donar u organizar las pertenencias de un ser querido fallecido no es “olvidarlo” ni una falta de respeto. Es un poderoso gesto simbólico, una forma de decir: “Sigues en mi corazón, pero elijo seguir adelante”.
Un enfoque amable es comenzar con los objetos menos cargados emocionalmente. Luego, con el tiempo, puedes optar por conservar uno o dos recuerdos importantes (una fotografía, una joya, una carta) y desprenderte del resto. Donar estos objetos a una organización benéfica o a alguien necesitado también puede darle un nuevo significado a este desapego.
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